Casi que me arrastré por las escaleras hasta el sexto piso. Cuando por fin llegué, agotada y llena de hambre, el muchacho ya me estaba esperando en la entrada del pasillo:—¿Cuál es el número de tu cuarto?
—Parece que… es la 606.
Quería decirle que yo podía con la maleta y que no se preocupara, que llegaba sola.
Pero bueno, él ya me había ayudado y no quería quedar mal rechazándolo.
Cuando me escuchó, enseguida llevó la maleta hasta la puerta de la 606, volteando de vez en cuando para hablar:
—Mi