Noté que Alan me había mandado una ráfaga de mensajes:
“Aurora, ¡apúrate, Mateo se volvió loco!”
“Dios mío, apúrate, está fuera de sí. Le hablo y no responde, le pido que se vaya y ni se mueve. Es como si no oyera nada.”
“Intenté subir a buscarte, pero no me deja. Lleva horas aquí, quieto.”
“Está loco, loco de remate.”
Además de los mensajes, venían varias fotos.
La luz se veía muy tenue, se notaba que eran nocturnas.
Al fondo se veía el hospital… y Mateo parado frente al área de hospitalización