—Quédate en casa, Aurora, no salgas a ningún lado, ¿sí? —dijo Mateo, abrazándome fuerte.
Su voz preocupada me partió el alma.
—Tengo miedo... mucho miedo de que, por intentar resolver todo esto, termines yéndote con él. Me prometiste que nunca ibas a volver a dejarme.
Sentí en sus palabras una ansiedad imposible de disimular.
Lo abracé suavemente y murmuré:
—Tranquilo. Sé muy bien lo que Waylon quiere. No me voy a ir con él. Esta Navidad la vamos a pasar juntos, los cuatro, en familia.
Mateo no