Me estremecí de golpe y me levanté de un salto.
Mi papá iba a ir directamente a pedirle dinero a Mateo, ¡eso no podía pasar!
La abuela seguía internada, en cuidados intensivos.
Mateo ya me odiaba, y Miguel despreciaba a toda mi familia. ¿Cómo se le ocurría a mi papá molestarlos así?
Rápido agarré el teléfono y marqué su número.
Llamé una vez, dos, tres... no contestaba.
Entonces intenté con mi mamá.
Cuando respondió, estaba llorando sin parar.
—Aurorita, ¿por qué llamas? ¿Ya te enteraste de lo d