Con sentimientos encontrados, Carlos miró a Valerie. En su cara apareció un destello de dolor.
Después de un largo silencio, me dijo en voz baja:
—Tranquila. Entre Valerie y yo... no pasó nada.
Miré a Valerie.
Tenía la cara pálida y los ojos hinchados de tanto llorar.
De su boca escapaba un nombre una y otra vez: Alan.
Parecía que, pasara lo que pasara con Carlos, ya no le importaba.
Solo quedaba Alan.
Pero Alan había entendido todo al revés. Se fue.
No le creyó, no la quiso más.
Miré a Carlos,