—No es solo suerte. Mateo también tiene coraje y sabe moverse en los negocios. Si fuera yo, ni me atrevería a decir que saldría bien—dijo Alan.
—¿Por qué me cuentas todo esto? —le pregunté a Alan, en tono sarcástico.
—Tienes que entender que el que quiere dejar esta relación no soy yo, es él. Esta vez no soy yo la que lo rechaza, es él... el que no me quiere.
—¡Ay! Mateo es bien contradictorio. Aurora, no te enojes, luego te ayudo a darle una lección—dijo Alan con un tono relajado, alzando la ma