El médico dijo:
—Tú también estudiaste medicina; sabes cómo está su salud. Con lo que tiene ahora, casi es imposible que vuelva a concebir. Mejor trata de convencerla: ya tiene dos hijos, no lo fuercen.
Javier se quedó callado unos segundos y luego preguntó:
—¿Y la fecundación in vitro?
—Menos todavía. Su cuerpo no lo aguantaría de ninguna manera, a menos que no les importe arriesgarle la vida —respondió el médico, firme.
Esa última frase cayó sobre mí como un balde de agua muy fría y apagó la ú