Pensé que Ricardo iría directo al grano y diría su propósito, después de todo fue él quien nos llamó y, además tenía con qué presionarnos. Pero, inesperadamente, bajó la mirada y se quedó en silencio.
Eso empezó a ponerme nerviosa. Por fin habíamos logrado apartar a la molesta señorita Renata, así que si tenía algo que decir, debía hacerlo ya. Si ella regresaba, no podríamos hablar de nada.
Miré con inquietud hacia la puerta y le dije:
—Señor Ricardo, ya estamos en este punto… si tiene alguna id