—Si fueras cualquier otra persona o si no fueras la hija consentida del señor Felipe, ya te habría dado un puñetazo.
—¡Tú!
Esta vez, la señorita Renata estalló. Golpeó la mesa y se puso de pie, señalando a Darío, temblando de rabia.
—¡Te pasaste de la raya! ¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¡Se lo voy a decir a mi papá, te va a ir muy mal!
—Lo siento, lo siento… señorita Renata, de verdad lo siento. Él siempre ha sido así, la última vez frente a la señorita Alma también habló sin pensa