La señorita Renata miró a Ricardo con coquetería y suspiró.
—Si tú la quieres comer, entonces iré a prepararla, pero recuerda, esto lo hago por ti. Si esos dos miserables quieren probar, será gracias a ti.
Asentí.
—Sí, sí… todo es gracias al señor Ricardo.
Por dentro no pude evitar pensar: está locamente enamorada.
La señorita Renata nos lanzó una mirada despectiva a mí y a Darío, luego se levantó con elegancia. Ricardo la tomó de la mano y sonrió.
—Sé que eres la mejor conmigo, pero si el señor