Carlos se detuvo. Pero no se giró. Su delgado cuerpo parecía tambalearse, como si pudiera caer en cualquier momento.
La voz de Alan fue fría cuando habló:
—¿Dónde escondiste a Camila? Si aún te queda algo de conciencia, entrégala. ¿De verdad crees que ocultándola podrá escapar del castigo que merece? Carlos, escúchame bien: si a Mateo o a Aurora les pasa algo, no solo ella pagará… tú también.
Carlos bajó la mirada. Su voz era tranquila. Demasiado tranquila.
—No te preocupes. Ella recibirá su cas