Narra Milton.
Llevaba más de una hora con Ness en mis brazos, me dolía mucho verla así, sufriendo y yo sin poder hacer hacer nada que la reconfortara.
― Ness, princesa. Despierta, cielo ― susurraba en su oído.
Comenzó a moverse y a hablar mientras volvía a llorar.
Abrió sus ojos y en cuanto me vio me abrazó, apoyando su cabeza en mi pecho.
― ¿Cómo te sientes, nena?
― Mal, asustada…
― ¿Por qué? ¿Qué sucede, amor?
― Lo vi, lo reconocí ― dijo, logrando que todos mis nervios se alteraran. E