POV: Nahya
La oficina de la editorial olía a café fuerte y papel nuevo, no era un aroma desagradable, pero sí intimidante. Todo ahí parecía definitivo: los escritorios de madera pulida, las paredes blancas sin adornos innecesarios, las carpetas ordenadas como si cada una guardara un destino ajeno, no había pizarras con apuntes, ni risas despreocupadas de estudiantes. Ya no estaba en la universidad.
Ahí entendí algo con una claridad brutal: escribir había dejado de ser un refugio. Ahora era un n