Me senté en el sillón del consultorio, con las manos entrelazadas sobre mis piernas. Las paredes eran suaves, neutras, y la luz cálida intentaba aliviar algo del peso que llevaba dentro. Frente a mí, el psicólogo me miraba con calma, esperando a que empezara.
—Nahya —dijo con voz tranquila—, ¿quieres hablar de Tyler? —Sentí cómo mi garganta se apretaba, respiré hondo. Todo lo que había guardado durante años, todas las decisiones, todos los silencios… todo comenzaba a pedir salir.
—Tyler —comenc