Samuel estaba listo para salir de casa y recoger a Alia.
No había podido pegar los ojos en toda la noche… o al menos en lo que quedaba de ella. La emoción lo tenía despierto: se había casado con la mujer de sus sueños.
—¿Señor, ya va de salida? —preguntó el ama de llaves, siempre tan servicial. Sabía bien lo ilusionado que estaba Samuel.
—Sí, por favor. Que todo esté listo para cuando vuelva con Alia —respondió con una sonrisa suave.
—Claro, como usted ordene. Permiso, señor.
Con un leve as