Observó su atuendo por enésima vez en el espejo, asegurándose de que cada cosa estaba en su lugar y que apenas pusiera un pie en aquella casa, le dejaría en claro a Ariane que jamás podría ser digna de estar a su lado y que podría irse olvidando de la loca idea de ser su esposa.
Sonrió satisfecho con el resultado y abandonó la habitación, arreglando los puños de su camisa y mirando la hora en su reloj, deseando que aquella noche terminara cuanto antes y que la farsa se acabara antes de que perd