Ariane observó el reflejo que le devolvía el espejo y quiso destrozarlo y no precisamente el objeto.
Sabía que esta vez no era ella quién bailaba a un ritmo ajeno, sino que eran los demás los que estaban condenados a seguir su coreografía, pero eso no quitaba que el sentimiento desagradable de sentirse contra la espada y la pared le estuviera jugando una mala pasada.
- ¿Estás lista hermosa?.- La pelinegra dió un respingo al escuchar aquella voz a su espalda.
Estaba tan perdida en su propio mund