El bolígrafo danzaba entre sus dedos inquietos mientras sus ojos, clavados en aquel trozo de papel miraban atentamente aquella línea en la cuál si plasmaba su firma, ya no habría vuelta atrás.
Sentía como si estuviera vendiéndose como un objeto cualquiera pero, ya no tenía fuerzas suficientes para seguir aferrandose a su orgullo.
- Todo lo hago por mis hijas.- Murmuró, tratando de autoconvencerse a sí mismo y así poder tragar el nudo atorado en su garganta.
Cerró sus ojos y estampó su firma en