—Sí, allí está la bolsa —dice la ginecóloga—. ¿La ven? Y esto de aquí... es el embrión. Felicidades. ¿Ustedes son sus padres? —cuestiona hacia los Keller, refiriéndose a Eva.
La habitación de la doctora se llena de un silencio incómodo.
—No, somos... —Irina no sabe cómo explicarlo.
—Estamos los tres, juntos —responde Magnus con seguridad.
Y entonces Evangeline les sonríe, nerviosa.
—¿Y su corazón? —cuestiona Irina—. No lo escucho.
—No es lo suficientemente fuerte ahora como para hacerse escucha