River no se movió de su posición hasta que estuvo seguro de que la silueta de Armani se había disuelto completamente en la oscuridad del bosque que rodeaba la propiedad. No tenía una cara, pero tenía un perfil, una forma de caminar y, sobre todo, esa sensación de autoridad que emanaba incluso desde las sombras.
Se apartó del marco de la ventana, dejando que la cortina de seda cayera de nuevo con un susurro pesado. Una sonrisa torcida, casi una mueca de placer, se dibujó en su rostro.
—Así que