—Me alegra que estes bien, que hayas cambiado tanto, me siento feliz que nuestro amor renazca de nuevo —agrego María.
—Me gustas mas de lo que te imaginas —agrego el hombre misterioso.
—Que lindo —agregó María.
Ven —dijo la voz ronca ayudando a María a incorporarse de la cama, sacándola de la habitación, bajaron unas gradas y enseguida el mesero se acerco a pedir la orden.
—Ahorita les traigo el platillo de comida para que cenen —dijo el mesero poniendo el vino en la mesa.
—Cariño, ¿Por qué no