—¿Por qué tan triste? —Dijo el hombre de elegante voz, educado, se veía que era muy estudiado.
—No estoy triste, asi son mis ojos, como las perlas blancas y azules, como el mar, la verdad es que estoy feliz —dijo María intentando tranquilizar al hombre misterioso que de pronto apareció de la nada.
—¿Adonde te diriges? —Pregunto el hombre con misterio.
—Al almacén Shinsaibacshi, iré a comprar ropa y lo que necesito —agrego María hablando con el hombre extraño.
—Esta bien, espero que te vaya muy