—¡Dios mío, otro bebé! — exclamó Lorenzo, incapaz de contener su emoción. Se acercó a Elena y la abrazó con ternura. —Esto es increíble, Elena. Increíble—.
Elena se aferró a él, llorando y riendo al mismo tiempo. —No puedo creerlo... Estamos teniendo otro bebé. —
Lorenzo besó su frente y luego la miró a los ojos con determinación. —Lo haremos funcionar, Elena. Como siempre lo hacemos. Juntos—.
Elena asintió, una sonrisa temblorosa en sus labios. —Sí, juntos—.
Y así, en medio de la sorpresa y la