Volviendo al comedor, la pequeña, quien entendió la situación real de los jóvenes y cayendo en cuenta de lo que esto podría significar, se mostró muy contenta tras la confesión de Tarek. A ella le agradaba la idea de ver juntos a su amigo y su mamá. Entonces, muy animada, insistió en hacer más preguntas para poder ayudar: —¿Por qué no se lo dices?—.
Contagiado por la alegría de la niña, Tarek se sentía cada vez más motivado a compartir sus inquietudes, pero a la vez sentía esa limitante propia