Horas más tarde, solo en su espacio, Tarek yacía melancólico en su habitación. Sentado sobre su cama y con la cabeza reposando sobre su palma, revivía viejos recuerdos sobre la "mamá", los momentos felices y las enseñanzas que ella les había dejado. También volvía a su mente la imagen de aquel refugio, pequeño pero cálido, donde él y su "hermana" pasaron su despreocupada niñez.
De pronto, Kayla salió de su habitación con un atuendo que emanaba seriedad. Con una sonrisa sutil, le expresó: —Ya es