—¡¿Quéee?! ¡¿Quiere que la asesine, señor?!—exclamó Novah de inmediato y exaltada, con notoria extrañeza y desagrado en su rostro.
Siendo consciente de lo escalofriante que pudo interpretarse su petición, el hombre intentó apaciguar la reacción de la pequeña dando a entender su real intención: —¡Noo! ¡¿Cómo crees que te pediría algo tan cruel?! Lo único que quiero es que la derrotes para poder encerrarla—.
Luego de unos segundos de procesamiento, la niña exclamó: —¡Ahh! ¡Ya entiendo!—comentó co