Nelson soltó una risita y, por una vez, se le ablandó la mirada.
—Al final mi papá se dio cuenta y me puso a pasar la noche entera de rodillas. Fuiste tú el que me pasó comida a escondidas.
—Qué buena memoria tiene, señor Fonseca —respondió Leonardo, pero la sonrisa se le borró de la cara casi al instante.
—Leonardo... gracias por partirte el lomo todos estos años.
Al oír ese reconocimiento, Leonardo sintió un nudo en la garganta y apretó el volante con más fuerza.
—Señor, no diga eso. Solo cu