Aquella frase la tomó por sorpresa. Su voz grave y profunda se sintió como una caricia inesperada que le recorrió el pecho. Raina se quedó inmóvil por un segundo y lo miró de reojo, buscando alguna señal en su cara.
Iván arqueó una ceja, con esa mezcla de curiosidad y picardía que lo caracterizaba.
—¿A poco no suena bien así? —preguntó él.
Había dicho "te quiero" en árabe. Raina había escuchado esa confesión en mil idiomas, pero siempre tuvo una debilidad por el árabe.
Le encantaba cómo cada pa