—Señora Herrera, ahora sí es toda una celebridad. ¿No le da miedo salir así a la calle y que la vuelvan a pescar con las cámaras? —soltó Marta con ese tono sarcástico, mientras cargaba a su perrito.
Ni siquiera sabía saludar como la gente. Era difícil creer que alguien así tuviera la más mínima intención de llevarse bien.
Marta vivía en su burbuja, dándoselas de santa cuando todos sabían de qué pie cojeaba. Era una absoluta loca.
Raina ni se inmutó. Siguió eligiendo con calma lo que había ido a