Tres días después, la casa de Santa Elena parecía casi normal.
La herida de Alessandro había mejorado lo suficiente como para que pudiera moverse por la casa sin ayuda, aunque todavía tenía el brazo en cabestrillo. Valentina pasaba la mayor parte del día en la cocina, preparando comidas simples y tratando de mantener la mente ocupada.
Esa tarde, ella estaba lavando los platos cuando sintió unos brazos rodeándola por detrás. Alessandro apoyó la barbilla en su hombro y le dio un beso suave en el