Lucas Rafael Montenegro tenía noventa y cuatro años cuando sintió que su tiempo en esta tierra llegaba a su fin definitivo.
Era una noche clara de enero de 2110. La casa grande de Santo Domingo estaba iluminada con luces suaves y llena de vida, como siempre lo había estado desde que él la construyó hace décadas. Cinco generaciones se habían reunido para pasar las fiestas de fin de año juntos, tal como Lucas Rafael había pedido en su última voluntad escrita años atrás.
En la terraza principal, d