La fiesta duró hasta que la luna estuvo justo encima de ellos.
Alessandro no soltaba la mano de Valentina ni un segundo. Bailaron descalzos sobre la arena, se rieron con los pocos invitados y brindaron tantas veces que ya habían perdido la cuenta.
Cuando la música bajó y los invitados empezaron a retirarse, Alessandro se acercó al oído de su esposa.
—¿Lista para desaparecer? —le preguntó en voz baja.
Valentina sonrió con complicidad.
—Llévame a casa.
Se despidieron rápidamente y caminaron de la