Annika mantenía la mirada fija en la nada mientras de fondo escuchaba a su madre hablar sin parar sobre cada detalle de la boda, o más bien, dando órdenes a diestra y siniestra de cómo debía ser, para que la boda de su hija fuese perfecta y única.
Desde el color de la decoración hasta el orden en que cada arreglo floral debía estar acomodado en su lugar, estaba siendo dirigido por su madre en lo que ella solo deseaba darse un tiro, morir o aceptar con el mayor de los gustos cualquier castigo q