-No -susurró en un hilo de voz, haciendo que ambos hombres la miraran con las cejas enarcadas.
-No, ¿qué? -rebatió el hombre mayor-. No vamos a entrar en una estúpida discusión y no me hagas perder mi paciencia, Annika.
-No -repitió con un tono de voz mucho más elevado, mirando a su padre con un temple que no sentía, pero decidida a no dejarse manipular ni dirigir por él-. No pienso ir contigo a ninguna parte y tampoco pienso casarme con ese hombre que ni siquiera conozco. No voy a volver a Pol