CAPÍTULO DOCE

SERA

Gianna despertó jadeando, con el cuerpo sacudiéndose como si la hubieran arrancado de aguas profundas. La habitación estaba oscura, salvo por la luz de la calle que se filtraba a través de las persianas, pero la pesadilla seguía pegada a su piel.

Escuchó los pasos. Una puerta abriéndose. Esa voz.

—No llores, palomita.

Se le revolvió el estómago. Apretó los ojos con fuerza y el resto regresó de golpe de todos modos: la furgoneta, la venda en los ojos, el almacén, los hombres riéndose mientr
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