Gianna estaba sentada en su cama en la oscuridad. La luz de la calle entraba por la ventana y hacía que todo se viera un poco triste. No podía dormir otra vez. Las pesadillas eran horribles. Todas las noches veía lo mismo. Los hombres agarrándola en la calle después de clase. La bolsa sobre su cabeza. La furgoneta oliendo a cigarrillos. La habitación oscura donde la mantenían atada. Oía cómo hablaban y se reían. Uno de ellos dijo: “Al tío Tommy le va a encantar esta”. En ese momento no sabía qu