—Él se está encargando de los otros secuestrados, hijo.
No pude decirle nada. Fue mi madre quien respondió, tomándome de la mano y me la besó, padre acarició mi cabello y esa mirada de lástima no me agradó. Lo comentado por Danilo retumbó en la cabeza, no me gustaba inspirar lástima, pero hoy… A la mierda, todos mis pensamientos, mi cordura, solo quería sentirme consentida, deseaba un fuerte abrazo de su parte. Aunque anhelaba algo más.
—¡Ay, hija!, qué felicidad tengo, cuando Magdalena nos dij