Nos dejaron quedarnos juntos, pero esta vez no hablamos, de manera silenciosa comprendimos y preferimos volver a hablar en la noche, no ahora. Caminamos y caminamos, sorteando bichos y cuando la selva se puso más inhóspita solo actué como caballo cochero.
Si veo una rana verán a una María Joaquina desquiciada, descontrolada e histeria. Por momentos Regina me tomaba de la mano, en otras era Benjamín quien nos ofrecía la suya para ayudarnos en algún tramo.
Cuando había pasado el mediodía, con la