—Psicóloga barranquillera y vivo en Bogotá.
El doctor y Regina hicieron lo mismo, yo me acerqué al segundo sujeto, volví a dar mi nombre y él se presentó.
—Santos Domínguez, estudiante.
Lo único que resaltaba de su suciedad eran los ojos azules, era un muchacho, no debe llegar a la mayoría de edad. Llegué hasta Vladímir, al estrecharnos la mano lo hicimos fuerte.
—Vladímir Kozlov, inversionista. Un placer conocerla. —habló con su acento marcado.
—El placer es mío.
Volvimos a apretarnos la mano.