—Siempre he sido remilgosa para la comida, dicen que Dios castiga, no sé si es por no definirme si creer o no en él, ahora siento que me está pasando factura.
—No es por Dios. —contestó Benjamín, quien se puso al frente de nosotras—. Cada uno se labra su destino.
—Los dos tienen razón. —dije—. Dios ajusta, pero no mata, él nos dio el libre albedrío, lo que significa que cada uno labra su propio destino, tomamos nuestras propias decisiones para bien o para mal, es uno quien decide no Dios y, au