—Entonces si eras casada. —Le dijo el tipejo, una tonta satisfacción se instaló en mi pecho.
—Nunca digo mentiras.
El hombre dio la vuelta y se retiró, miramos a la mesa donde compartían. Mi padre, Alejo y Carlos estaban sentados al lado de sus esposas.
» ¿Desde cuándo te encuentras a aquí? —alzó su ceja.
—Nos tardamos un poco dando con el lugar.
—¿Cómo supieron? —piensa rápido.
—Sabemos los gustos de Fernanda, tú y Sandra no son de frecuentar tales lugares, mi mamá menos. Por eso solo nos limi