Llegamos un poco tarde por el trancón capitalino, ver a nuestro hijo mirando a través de la reja a que llegáramos, fue algo que no pasó desapercibido para ninguno de los dos.
—Dios, a ese rostro no le puedo negar una hamburguesa.
Acaricié su mano al escucharla decir eso, le guiñé un ojo a Julián, quien respondió con una hermosa sonrisa. Amo a mis hijos y fui un hijo de puta con su madre por marica, pero nadie puede decirme que no daría la vida por mi familia, mis hijos eran lo mejor de mi exist