La Anaconda Venenosa nos ha reorganizado el horario de trabajo. Ahora, hacemos turnos rotativos durante doce horas seguidas para que el señor Amo no se quede sin comer ni se ensucie las manitas preparándose un tentempié. Ella me ha condenado a ser una lechuza en vela, pero eso no es del todo malo. Me agrada la soledad de la cocina cuando cae la noche. Y de paso, continúo aumentando mis caderas de grosor porque el aburrimiento solo se mata con un pedazo de algo comestible dentro de la boca.
Esto