El pasillo se torna demasiado largo. Me impulsa una incertidumbre desconcertante que me impide mirar hacia atrás. No camino ni corro. Ando a un paso comedido, con la cabeza erguida y la postura de una dama. Estoy consciente que ni Ahmed ni nadie me aplastará como si yo fuese un insecto zumbón. Si él no se guarda sus odios, que se quede con ellos por compañía.
Creo que le he respondido de una manera inadecuada, pero también tengo miedo. Miedo de que el orgullo cave una zanja más profunda que el