Como no he soportado más el aburrimiento de estar encerrada en mi habitación, sin Basima u otro ser humano al que dirigirle la palabra, me he ido a pedir limosna afectiva a la lavandería.
Es ese el terreno de Cira Delia, una madre anciana que, tras veinte años de incertidumbre y miedo, no ha dejado de buscar a su hija y su nieta. Aquí, la Anaconda Venenosa no entra, tal vez porque respeta el dolor callado del amor verdadero o, quizás, porque le molesta el olor a naftalina y otros productos dete