—Ya ha cesado de llover —Cuando realiza otro comentario impersonal, un cubo de agua fría cae sobre mi cabeza.
Otra vez, me muestran un suculento manjar y me dejan con hambre. No me refiero al chocolate. Ese me lo he zampado entero y anda por algún sitio de mi sistema digestivo. Hablo de Ahmed. Él me mantiene con ganas y frustrada. Eso debería ser penado por la ley.
Me aparto sin quejas ni lamentaciones. Ya no soy la «pequeñaja chillona», sino una versión madura de mí misma.
—Tal vez, para ent