La pintura
Desde que Ahmed me pidió compartir su sueño de celebrar una boda polinesia, el ritmo de la vida en la mansión se ha acelerado. Ya los guardias no custodian los muros, sino el pequeño riachuelo que queda a unos ciento cincuenta metros de distancia. Cuando me escapo de entre las sábanas de la habitación que mi prometido (nunca había pensado que esa palabra me traería tanta dicha) comparte conmigo y salgo a olfatear el aire libre, tropiezo con sirvientas cargadas de ramos de coloridas flores tropic