No me interesa hablar. Perdón… Eso no es del todo cierto. Me importa cuanto Ahmed pueda decirme, pero estar tan cerca de sus labios me arrebata. Deseo chuparlos hasta que la lengua me duela y, luego, seguir con el resto de su piel. Desde que estoy a unos milímetros de distancia, mi cuerpo ha tomado el control de mi voluntad. La sola idea de enfrentarme a sus caricias tensa los músculos de mi abdomen y mi respiración se torna rápida y profunda.
Es un castigo desnudar el alma mientras él mantiene