A mi pesar, Ahmed y yo no hemos tardado mucho tiempo en regresar a la habitación. Me he quedado con ganas de él, pero luego de lo que ha sucedido, debo vigilar a Basima. Me alegra verle despierta, con buen semblante y una sonrisa divina que se apaga en cuanto nos ve caminar abrazados.
Como conocidos distantes, mi esposo y ella se saludan, pero no se tratan. Existe una aversión innata de mi amiga hacia Ahmed, algo que nunca le he visto sentir ante otra persona, incluyendo a mi padre. La presenci