A cada segundo que Basima duda, se alejan nuestras posibilidades de escapar del traidor. Observo en vano que una reacción de su rostro me delate lo que piensa. Sus manos heladas me traspasan sus miedos, pero me he propuesto mantener la calma y lo intento a toda costa. Al fin, ella avanza hacia mí y murmura titubeante:
—Solo hay un camino para saber la verdad. Luego de tanto batallar, no te dejaré sola. Iré a donde tú vayas y cuidaré de ti y de ese niño del que hablas.
En el fondo de mi corazón